Lera
Hay ciertos restaurantes que todo amante de la comida debe ir al menos una vez en la vida, y este es uno de ellos sin duda.
Recién estrenada la estrella fuimos a visitar a Luis Lera para ver cómo era vivir la experiencia LERA.Este restaurante está especializado en la caza, pudiendo ir tanto a carta como a menú. Os recomiendo que, si queréis vivir la auténtica experiencia, vayáis a comer, echéis allí la tarde en la terraza o en la chimenea y luego toméis algo por la noche y a dormir para al día siguiente desayunar y partir.
Se encuentra en Castroverde, un pueblo de Zamora en medio de la nada con un par de casas.
Aunque nosotros fuimos en septiembre, la fecha perfecta para ir es en invierno en época de caza y luego quedarse en la chimenea con un digestivo para bajar la comida.
El precio es el propio para una comida de estrella, aunque os diría que tenéis que ir a menú, nos impresionó más los platos de la cena que fuimos a carta.
El maridaje fue un espectáculo, nos pusimos en sus manos y nos iban deleitando con una selección de vinos que fue una pasada.
En LERA el tiempo no importa, como solo vas allí para disfrutar de la comida, da igual si pasan 3 o 4 horas sentado, pierdes la noción del tiempo, cosa muy valorada a día de hoy que siempre vamos apurados.
Este restaurante destaca por la sencillez y excelencia de cada plato y la dedicación que le dedica Luis Lera.
- Conjunto: 5/5
- Precio/ calidad: 4,5/5
- Calidad/ producto: 5/5
- Lugar/ decoración: 5/5
- Servicio: 5/5
Sopa ahumada con cangrejo de río y pato ahumado. Primer plato del menú y ya empieza fuerte. La combinación del cangrejo con el pato me encantó.
Ostra con lengua de jabalí escabechada. Primera vez que pruebo lengua y no podía ser en otro sitio, donde elaboran ellos mismos el escabeche y estaba muy rica.
Cebolleta en manteca con paloma. También primera vez que pruebo la paloma y este plato fue de mis favoritos. BRUTAL.
Aperitivo: sopa de ajo. Desde el primer momento, intensidad y tradición. Reconfortante, profunda, simplemente increíble.
Ciervo, raifort y berros. Potente y fresco a la vez. Un plato salvaje, equilibrado y lleno de matices. Brutal.

Ostra fresca e hígado de conejo. Elegante y totalmente diferente. La frescura de la ostra contrasta con la untuosidad del hígado de conejo.
Alcachofa, pato y setas de primavera. Elegancia total. Sabores delicados, perfectamente ensamblados. Increíble.
Guisantes con caracoles. Ahora que empieza la temporada, un plato redondo. Producto en su mejor momento, sabor puro. Un absoluto 10.
Perdiz con acelga. Pura finura y técnica. Otro nivel.
Lomo de corzo con colmenillas. Delicadeza absoluta. Sutil, elegante, finísimo.
Fritos de leche. El broche perfecto: tradicionales, golosos y absolutamente brutales.
Peras al vino blanco con helado de vinagre. Frescura, contraste y equilibrio. Increíble.
Cecina de ternera. Intensidad y elegancia, un 10.
Espárragos blancos con trufa blanca. Pura delicadeza, increíbles.
Guisantes con boletus y trufa. Otra versión, aún más profunda. Nivel altísimo.
Aperitivo de tosta de pato y caldito. Sencillo pero lleno de sabor, reconfortante.
Tabla de quesos. Simplemente insuperable.
Mención especial a todo lo que bebimos. El maridaje elevó aún más esta experiencia brutal.
Y el desayuno:
Pan artesano, mermelada de naranja, aceite de oliva, miel ecológica, mantequilla de leche de oveja. bollería artesanal de Villamayor de Campos, bizcocho de calabaza, nueces y pasas, embutido tradicional de Bolaños, queso semicurado de oveja, yogur de leche de oveja.
Y ahora lo potente: Huevos fritos con pimentón y vinagre, torreznos, lomo de orza, chorizo cocido.



































































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